Los timbres del telefono (primera parte)

El silencio fue interrumpido por el timbre del teléfono, me precipité a contestar  rápidamente, levanté el auricular y reconocí la voz de la persona casi instantáneamente, Vaelen, un viejo amigo que conocí una vez terminada la guerra, en la que el participó pero yo no, quería que lo acompañara a una reunión de veteranos, al parecer yo no tenía ningún compromiso  esa noche, así que acepté.

 

Dos horas mas tarde, ya estábamos camino a la reunión, en un pequeño carro que yo conducía, con el radio a todo volumen, cambiando de estación en estación, hasta que por fin encontró algo que fuera de su agrado, minutos mas tarde llegamos al lugar, era una casa no muy especial, en una zona de clase media, nos estacionamos frente a la casa, aseguramos el automóvil, cerramos las puertas; ya frente a la puerta principal, tocamos el timbre, y salió una chica a recibirnos,   yo no la había visto en mi vida, pero Vaelen si, porque la recibió con un fuerte abrazo, que fue completamente reciproco por parte de la chica, Gina Marie.

 

Entramos a la casa, y al parecer ni Vaelen, ni yo reconocíamos ninguna cara, lo esperaba de mi, pero no de el, pues era de suponerse que se encontraría con sus viejos amigos del ejercito, no tarde en darme cuenta de la situación, no era ninguna reunión de veteranos, era una fiesta cualquiera, una vez mas Vaelen me engaño para servirle de chofer, lo acepte porque estaba pasando un buen rato, pero ya empezaba a colmarme la paciencia.

 

Minutos después empezó la música, Vaelen y Gina Marie no tardaron en abrir pista, mientras tanto yo solo me dediqué a escuchar, la música continuó hasta que la gente comenzó a marcharse, poco a poco, al pasar las ultimas tres horas, las únicas personas en la fiesta eramos Vaelen, Gina Marie, Alyssa, Jane y por supuesto yo.

 

La música bailable de pronto cambió a música romántica, a boleros, baladas, y una que otra instrumental, y así continuó hasta que Alyssa preguntó mi nombre, “Vlad Christopher” le respondí, -que curioso- exclamó, -te llamas igual que un guitarrista rumano, a lo que yo le respondí: -no, no me llamo igual, yo soy Vlad Christopher Reichter-, y entre rostros de asombro e incredulidad, Alyssa desempolvó sus guitarras, y me pidió, me suplicó que tocara alguna de mis obras, al principio me rehusé, después empecé a afinar las guitarras, comencé a tocar una de mis composiciones favoritas “Sonata para los corazones rotos”, por supuesto nada mas era el nombre, porque mi  música es el blues, y algo de rock.

 

Dieron las dos de la mañana, y Gina Marie tenía que llegar a su departamento, donde dejó a su hija con la niñera, la casa pertenecía a Alyssa, y al parecer su esposo se veía un poco molesto, tenía sueño, pero por cortesía no dijo nada, yo me di cuenta del asunto y entre Vaelen y yo aceptamos llevar a Gina Marie a su departamento, y así terminó la noche.

 

Alrededor de las ocho de la noche, el timbre del teléfono perturbó mi silencio, de nuevo, levanté el auricular y de nuevo reconocí la voz al instante, era Vaelen, que, de nuevo me invitó a salir, esta única vez fue sincero, me dijo que iríamos a ver a Gina Marie de nuevo, pero esta vez no había fiestas, yo acepté, la cita fue en su departamento, la cual llegamos alrededor de las 12 de la noche, no fue mas que un poco de platica tranquila, nos ofrecieron una cena ligera y bebidas, salimos los tres a la terraza, donde había un juego de mesa y sillas de jardín, hechas de hierro forjado, estilo ingles, muchas plantas caseras, muy bien cuidadas,  la conversación estuvo llena de trivialidades, dio muchos giros, los temas variaron desde la música del cine, hasta el periodo shogún en Japón, pasando por los misterios de la mente y en medio de la charla comencé a descubrir ciertos aspectos de Gina Marie que no conocía, como el hecho de que nos sentíamos atraídos por el mismo tipo de música, siendo esta mi oficio me pareció muy interesante, nuestras formas de pensar y de ver el mundo son muy parecidas, ese momento me di cuenta que Gina y yo teníamos mas en común que un amigo.

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